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XI. EL COMBATE

¡El abordaje!... ¡El abordaje!...
Unos se suspenden de las jarcias,
otros se lanzan hacia los
obenques.

VÍCTOR HUGO, «Navarin».

—¡Maestro Durand, balas!—¡Maestro Durand, acaba de declararse una vía de agua!—¡Maestro Durand, mi cabeza, mi brazo, mire cómo sangra!

Y el nombre del maestro Durand, el artillero-cirujano-calafate de a bordo, resonaba desde el puente a la cala, dominando el ruido y el tumulto inseparables de un combate tan encarnizado como el que se libraba entre la corbeta y el brick; y, en efecto, a cada andanada que enviaba, El Gavilán temblaba y crujía en su armazón, como si hubiese estado a punto de abrirse.

—¡Maestro Durand, balas!—¡La vía de agua!—¡Mi pierna!—repetían voces confusas.

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