Go to page:
ReadBooks.xyz | La guardia blanca

CAPÍTULO VI. DE CÓMO EL ARQUERO SIMÓN APOSTÓ SU COBERTOR DE PLUMA

Era el desconocido hombre de mediana estatura, vigoroso y bien plantado; moreno el rostro, afeitado cuidadosamente, y acentuadas y un tanto rudas las facciones, desfiguradas en parte por tremenda cicatriz que cruzaba la mejilla izquierda, desde la nariz hasta el cuello. Vivos los ojos, con expresión de amenaza en su brillo y en la contracción habitual de las cejas. Su boca de duras líneas y apretados labios no suavizaba por cierto la severidad del semblante, que revelaba al hombre familiarizado con el peligro y dispuesto siempre a combatirlo. Su larga tizona y el fuerte arco que llevaba a la espalda revelaban su profesión, así como las averías de su cota de malla y las abolladuras del casco decían a las claras que llegaba de los campos de batalla, a la sazón

- 108 -